Ane Ibáñez es una de las referentes alavesas y nacionales de la pala. Esta vitoriana de 30 años, enfermera de profesión, ha ido dando pasos en un deporte en el que las mujeres han tenido que pelear mucho para tener visibilidad. Ganó el bronce junto con su compañera Nagore Martín en la Copa del Mundo de trinquete de 2019. Ya se prepara para el Mundial de 2022.
-¿Qué es lo que te empujó a jugar a la pala?
Empecé a jugar a la pala con 10 años en la ikastola Ikasbidea. El padre de uno de mis compañeros era el encargado de las actividades extraescolares de pelota vasca y nos animó a las chicas. Ahí empezamos, con Jokin Larrañaga, que es un referente en el trinquete a mano. Recuerdo que estábamos cerca de 12 chicas y todos los viernes entrenábamos y comenzamos a jugar. Al principio éramos muy malas (risas), pero luego fuimos mejorando. Eso sí, disfrutábamos mucho.
-¿Cómo fue ese salto hasta competir a un nivel élite?
De aquel grupo, quedamos dos. Se fue haciendo un grupo más grande, se unió gente que venía de otros clubes, del frontenis, squash e iniciamos otra etapa compitiendo a nivel nacional, después de pasar por competiciones provinciales, campeonatos de Euskadi. Hemos conseguido estar en la selección y he llegado a cosas que jamás pensé que podría conseguir.
-¿Competir a nivel internacional ha sido lo más importante en tu carrera deportiva?
Sin duda. Competí en Uruguay en un campeonato internacional con la selección de Euskadi. Estuve preseleccionada para el Mundial del 2018 pero no llegué. Al año siguiente, en la Copa del mundo sí pude estar y ganamos el bronce frente a Argentina. Ahora ya estamos preparando el campeonato del mundo que será en octubre de 2022.
-Nadie te ha regalado nada y para llegar a ese nivel tan alto has tenido que prepararte y trabajar mucho ¿cómo ha sido ese camino?
En mi caso, la pala siempre la he tenido presente. Para mí, siempre ha sido un hobby. Nunca me había planteado competir a nivel internacional. En la parte física sí teníamos un preparador pero nada serio. Cuando entras en la selección, sí que te exigen un mejor rendimiento físico y ahí empezó el cambio de chip, con más dedicación a la parte física, además de la técnica y psicológica. Cuando compites a alto nivel, la cabeza también hay que entrenarla para aguantar la presión. Compaginar la vida laboral y un deporte de alto rendimiento es difícil, pero se aprende. Pasas por momentos mejores y peores, pero cuando ves que hay frutos después de tanto esfuerzo, es muy gratificante.
-Por ser mujer, ¿consideras que cada logro cuesta más?
Seguramente. Nosotras competimos en el campeonato de Álava de máxima categoría con chicos. Pero para llegar a eso, tuvimos que pelearlo muchísimo. Al final, los campeonatos femeninos se nos quedaban muy cortos. En paleta argentina a diferencia de otras modalidades, la fuerza no es el requisito más importante. Nosotras tenemos mucho nivel en la provincia y, repito, hemos tenido que demostrar y pelear para jugar en Primera. Han sido muchos años, ganando en la segunda categoría, y competir de igual a igual en la máxima categoría. Por suerte, tiene recompensa.
-¿Eres consciente de que las pelotaris de tu generación estáis abriendo un camino para las más jóvenes?
He estado dando charlas en ikastolas sobre el deporte femenino y modalidades deportivas con menos visibilidad. En mi exposición, siempre acabo con una foto de un encuentro de chicas que se realizó en un frontón para mostrar que el objetivo es que cada vez haya más mujeres. Y en una de las clases, dos de las chicas estaban en esa foto. Me hizo ilusión comprobar que, las que vienen por detrás, empiezan a introducirse y a animarse porque tienen referentes. Eso sirve para que estas jóvenes den el paso.
-¿Quiénes han sido tus referentes?
La gran referente para mí ha sido Maite Ruiz de Larramendi que ahora mismo está jugando a mano a muy alto nivel y en pala ha sido de las mejores. También Maider Mendizábal. Son de otra generación, con más de 40 años y para mí han sido dos grandes ejemplos.
-¿La herramienta permitió que la mujer se introdujera en un mundo tan masculino como la pelota?
Sin duda. Muchas de las que están jugando actualmente el campeonato de mano como la Emakume Master Cup y otros, pongo el ejemplo de Maite Ruiz de Larramendi, siempre le había gustado mucho la pelota a mano, pero ella ha tenido que competir en herramienta. Ahora que está creciendo la mano en la mujer, parece que las que seguimos en la herramienta estamos en un segundo plano. Pero llevamos muchos años siendo pelotaris, aunque sigamos sin tener la visibilidad que merecemos.
-Eres enfermera y en el hospital te ayudan a que tu vida laboral sea compatible con la pala ¿eres afortunada?
Sin duda. En el trabajo, siempre que pido un cambio de turno porque tengo partidos o entrenamientos la gente lo entiendo y me suelen ayudar. Por esa parte, estoy muy contenta.
-Trabajas, compites y, además, ¿estudias psicología?
Sí, sí. Voy poco a poco porque no le dedico todo lo que quisiera. Siempre me ha gustado y hay asignaturas que puedo aplicar en mi vida, como “Psicología del deporte”. Además, es muy compatible con la enfermería y cosas que aprendo las puedo aplicar en mi trabajo. También he empezado a tocar la batería. Dejé la música de lado y seguí con el deporte y tenía la ilusión de retomarlo.
-¿Por qué invitarías a las niñas a que se acercaran al mundo de la pelota, bien a mano o con herramienta?
Bueno, llega un momento en la vida que, siendo aún jóvenes, te obligan a tomar decisiones entre ir a inglés, música y otras actividades y parece que en las chicas, el deporte siempre se queda en un segundo plano. Generalmente suele ser porque tampoco le vemos futuro ya que consideramos que no nos ganaremos la vida con ello. Por eso, nos decantamos por otras opciones que creemos que pueden tener una salida más útil. A nivel personal, a mi el deporte me da disciplina, un ocio saludable, buenas amistades dentro de un ambiente sano. Además del aprendizaje que luego puedes llevar a tu vida personal, como saber competir, asumir las derrotas y las victorias. Sea el deporte que sea, si es la pala mejor, que no dejen de lado el deporte y que se convierta en una prioridad, pensando que sí tiene futuro y que incluso pueden llegar a ser profesionales porque ese camino, poco a poco, ya se está abriendo.






